
La navidad hace florecer nuestros mejores sentimientos, dicen los anuncios, pero entonces ¿por qué está todo el mundo en los supermercados? ¿venden allí los sentimientos?
Y se produce, en esta época, como todos los años una gran estampida de personas deseosas de comprar, comprar y comprar.
Comer... para estar saciados todo el año.
La navidad se volvió un tiempo de consumo descontrolado y se fue desvirtuando el verdadero sentido de la navidad: recordar que somos seres espirituales y somos amor.
Sobornamos a nuestros hijos y les decimos:"si haces tal cosa va a venir papá Noel, mirá que papá Noel te esta mirando".
Se supone que en Navidad se trata de celebrar la humildad, la paz y la fraternidad, pero ni nos acordamos de los humildes, ni pensamos en todos los lugares donde hay guerra ni nos sentimos de aquellos que jamás recibirán una cesta llena de botellas y turrones. De repente todos somos más ricos de lo que éramos y empieza la gran fiesta del consumo. No nos importa derrochar, ya no pensamos en los envases ni en el ahorro energético,toneladas de basura y desechos para celebrar algo tan simple y elemental com es el amor...
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